Señoras, señores, señoritas, señoritos (qué mal suena ¿verdad? pero es por eso de la igualdad, no se me vaya a enfadar la ministra)
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No me enfado
.¡Gracias Bibiana! Hoy, con todos ustedes, posta museológica.
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Arghhhhhhhhhhh, NOOOOOOOOO!!!!!!. ¡Cómo que no! Claro que sí, que hace ya tiempo que no amargo al personal con una de éstas, además, os va a gustar, que lo sé yo, que en esta ocasión no se trata ni del Thyssen ni del Prado, sino del…
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El Museo de América
.Pues sí, que Madrid, pese a que pocos lo conocen y muchos menos lo visitan, tiene un
Museo de América que es una auténtica pasada. Sito (¡joder, que culto!), sito, digo, ubicado (sí, tú arréglalo), bueno, pues que el Museo de América éste está en Ciudad Universitaria, al ladito mismo de la plaza de Moncloa, ¿me s’antendío’ ahora?
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Mmmmmm... Sí
.No, si encima tendrán razón los de clase y va a ser verdad “que hablo difícil”...
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"Hablas rharho, rharho, rharho"
. En fin, a lo que iba. El Museo de América es uno de esos museos un poco inclasificables porque su colección abarca desde los más impresionantes restos arqueológicos hasta las más finas y delicadas obras de escultura y pintura del barroco de los virreinatos de la América colonial,

pasando por infinidad de piezas y restos materiales de carácter antropológico que nos hablan de las culturas y pueblos precolombinos, su vida y costumbres antes de la llegada de los europeos al Nuevo Mundo. Algunas de las cosas que más me han impresionado siempre de la colección permanente son el Gran Calendario Maya, un disco de piedra de más de 2 metros de diámetro que se encuentra en una de las salas principales, o las cabezas humanas en miniatura de los jíbaros, un pueblo indígena de la selva amazónica que cortaba las cabezas de los enemigos vencidos en combate y les aplicaba una curiosa técnica de momificación por medio de la cual iban reduciendo su tamaño hasta parecer casi de juguete, de modo que las podían llevar siempre encima como trofeos.
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Cabezas reducidas de jíbaros del museo de América: ¡Listas para llevar!, jajaja (sí, a mí también me dan un poquillo de grima)
Pero bueno, quien esté interesado en todas estas cosas, que se acerque al museo a conocerlo personalmente, de verdad, merece la pena y animo a todo el mundo a que lo haga, pero sobre lo que yo iba a escribir hoy es sobre la exposición temporal que puede verse ahora allí:
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"Mantos para la eternidad: Textiles Paracas del antiguo Perú"
Es que fui a mediados de octubre y desde entonces tenía intención comentarla un poco en el blog, pero por unas cosas u otras, pues lo he ido soslayando (¡y dale con las palabras raras!), vamos, que lo he ido dejando de lado, y tenía que hacer este post ya, antes de que se me olvide lo que vi (no creo, pero si me descuido lo mismo acabo escribiéndolo cuando ya hubieran quitado la exposición, y menuda gracia).
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No te me cabrees, que aún no se ha acabado la exposición. Paracas es el nombre de una cultura del Perú precolombino de en torno a los siglos V a. C. a II d. C. que se situaba en la costa sur del país, en la península de Paracas, de ahí que se la conozca con ese nombre. Fue descubierta en por Julio César Tello, el padre de la arqueología peruana, que entre 1925 y 1927 desenterró en la necrópolis de Wari Kayan 400 fardos funerarios. A partir de las diferentes características y los distintos restos materiales hallados en estos enterramientos se establecieron dos fases bien diferenciadas en la historia de esta cultura: Paracas Cavernas, que abarcaría aproximadamente los siglos V-II a. C. y Paracas necrópolis de 100 a. C a 200 d. C.
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Mapa de la península de Paracas con la situación de los yacimientos arqueologicos
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Es a esa segunda fase a la que pertenecen las ochenta tres piezas de la exposición. Se trata, básicamente, de los mantos funerarios y otros textiles que constituían la mayor parte del ajuar encontrado en los enterramientos, aunque también se incluyen algunas muestras de la curiosísima cerámica pintada de esta cultura y objetos ofrendados al difunto para su engalanamiento en la otra vida, como pieles de animales (hay una de zorro impresionante) sofisticadísimos tocados con plumas y, sobre todo, objetos de orfebrería hechos en tumbaga, una aleación de oro y cobre muy practicada por estas gentes.
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Muestra de cerámica pintada Paracas. Este cántaro antropomorfo tiene más de 200o años de antigüedad y representa la alegoría de un cactus del desierto con caracteres humanos
De cualquier manera, el grueso de la exposición y su mayor atractivo lo constituyen los textiles, especialmente los mantos, algunos verdaderamente impresionantes por sus colores, el detalle de los bordados y la sofisticación de la trama del hilado. Todos, sin excepción, son preciosos, y da bastante vértigo encontrarse ante estas telas y pensar que alguna de ellas tiene como 2100 años, y si no, es suficiente con recordar que las telas más antiguas conservadas en Europa son vikingas, de los siglos IX y X, y en un estado lamentable, lo único comparable a estos textiles Paracas son los linos encontrados en Egipto, de modo que no estamos ante ninguna minucia. No en vano es el clima desértico y seco de la península de Paracas, muy similar al de Egipto, lo que ha hecho posible la conservación casi milagrosa de estos textiles milenarios.
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Uno de los mantos más grandes e impresioantes de la muestra: sencillamente espectacular, no se puede describir, hay que verlo
Para entender qué eran estos mantos hay que tener en cuenta en primer lugar en que tipo de enterramientos se encontraron todas estas cosas: se trataba de pequeños fosos cavados en el suelo en los que se colocaba un fardo de aproximadamente 1’60 m. de altura y cuya situación era marcada con una vara clavada en el suelo, al estilo de nuestras lápidas. ¿Por qué un fardo? Aquí es donde entran los mantos. La cultura Paracas, al igual que otros pueblos precolombinos del actual Perú, practicaba una sofisticada técnica de momificación por medio del secado de los cuerpos sumergidos en la arena del desierto: colocaban el cadáver en posición fetal sobre un gran manto, cerrándolo después para que el cuerpo quedara perfectamente envuelto.
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¿Queda claro lo que es "posición fetal"?
A continuación, envolvían este primer manto dentro de otro, y este a su vez dentro de un tercer manto, y así sucesivamente hasta formar el mencionado fardo, y dentro, junto con los mantos y entre medias de ellos, iban metiendo otras cosas, como alimentos, vestidos, adornos y utensilios diversos de los que el difunto habría de servirse en la otra vida. Este gran fardo es lo que finalmente era introducido en los agujeros excavados en la arena del desierto, donde la presión y la sequedad del entorno obraban la momificación del cuerpo.
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Aspecto de unos de los fardos con su correspondiente momina encontrados en la necrópolis de Wari Kayan. En mi opinión es lo único que le falta a la exposición, porque no han traído ninguna momia enfardad como la de la imagen, aunque sí hay muy buenos dibujos ilustrativos
Algunos de los fardos llegaban a estar compuestos por más de sesenta mantos, mantos que podían ser de los más diversos tamaños, desde auténticas miniaturas que caben en la palma de la mano, hasta telas enormes de más de tres metros cuadrados, algo que también se repetía en los diversos vestidos que integraban el ajuar funerario del difunto: se han encontrado camisas y turbantes de tamaño natural, pero también prendas aparentemente preparadas para niños pequeños, casi recién nacidos, o ni siquiera eso, sino más bien para muñequitos. Todo esto se explica por la concepción que la cultura Paracas tenía de la vida de ultratumba, pues consideraban que la muerte era como el nacimiento a una nueva existencia, y si era un nacimiento, pues entonces uno nace pequeño y va creciendo, de modo que necesita la ropa y las demás cosas, primero de pequeño tamaño, para cuando el difunto es niño en la otra vida, y luego de mayores dimensiones a medida que se va haciendo mayor. Este proceso es lo que ellos llamaban “la conversión en ancestro mítico”, es decir, el difunto, una vez muerto, comenzaba en la vida de ultratumba un proceso por el cual pasaba de ser humano, de simple difunto, a ancestro mítico, una especie de semidiós admitido en el reino de las divinidades. Y este proceso de conversión es precisamente uno de los motivos preferentemente representados en los grandes mantos contenidos en los fardos, así, en ellos aparecen bordadas figuras antropomorfas que ilustran esa transformación del difunto y cómo éste va perdiendo sus rasgos humanos para adquirir alas, garras de rapaz (de cóndor) ocelos y rabo felinos (de puma y jaguar), pues la mayoría de los pueblos precolombinos concebía a las divinidades como seres zoomorfos con el aspecto de la flora y la fauna que constituían sus principales medios de subsistencia o que veían a su alrededor reinando en lo alto de la pirámide del mundo animal, de modo que el proceso de transformación en ancestros míticos no era sino una conversión en alguno de esos animales totémicos.
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Representación bordada del difunto en su proceso de conversión en ancestro mítico: se aprecian perfectamente las garras y alas de ave rapaz así como los bigotes y ocelos propios de los felinos andinos y amazónicos
Así mismo, pueden verse bordados en los mantos imágenes de guerreros, tal vez alusivos al papel del difunto en vida. Aparecen representados con largas cabelleras y máscaras que cubren su rostro. Muchos sujetan en sus manos cabezas cortadas, símbolo del triunfo en la batalla, pues acostumbraban a cercenaban las cabezas de los enemigos a quienes se había dado muerte en el combate.
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Bordado de un guerrero con rasgos zoomorfos. Cubre su rostro con una máscara y en una mano sostiene una cabeza cortada
Hay también bordada alguna representación muy curiosa de figuras que se autoinmolan en rituales de sacrificio a los dioses: en una mano portan un hacha o una especie de daga con la que se han abierto el pecho, y en la otra sostienen un abanico, que no es sino la representación alegórica del corazón, como si acabaran de sacárselo del pecho y lo ofrendaran a la divinidad. Precisamente hay en la muestra algún abanico de estos, que en los fardos se encontraron colocados justo a la altura del corazón de las momias.
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Personaje que se autoinmola y porta en una mano un abanico representativo del corazón que se acaba de extraer del pecho rajado
.De cualquier manera, encontramos igualmente mantos cuyos bordados sólo reproducen motivos geométricos o representan animales totémicos, como serpientes, grandes felinos, o tiburones, en disposiciones simétricas de ajedrezado. Hay uno muy curioso en el que incluso puede identificarse bordada la planta de la judía con rasgos antropomorfos, pues sin duda debía de ser considerada también como una divinidad en tanto que esta legumbre constituía una de las principales fuentes de alimentación de los pueblos precolombinos de Sudamérica.
Bordado que representa la planta de la judía con caracteres antropomorfos
Los fardos y las diferentes piezas encontradas en ellos constituyen una enorme fuente de información acerca de la vida y los poblamientos humanos en la región costera del actual Perú en una época tan antigua como veinte siglos antes de nuestra era, y han permitido conocer que nos encontramos ante una cultura que había alcanzado enormes sofisticación del trabajo y estratificación social, suficientes como para desarrollar un tipo de enterramientos organizados según un sistema de castas, o como para mantener una industria capaz de una manufactura textil en todos sus procesos, desde la recolección y preparado de las fibras de algodón y lana de camélido (yamas y alpacas), hasta el perfecto acabamiento de las telas y su decoración por medio de un sofisticado tipo de bordados, pasando por el tintado de las fibras y la confección de los textiles, algunos de tramas verdaderamente complejas, en telares. De cualquier manera, son muchas las cosas que aún desconocemos: se ignora, por ejemplo, que tipo de tinturas eran las utilizadas en el proceso de teñido de las fibras, o las rutas y extensión del comercio que la cultura Paracas desarrolló con pueblos de otras zonas, algunos tan alejados de su región como puede estarlo la selva amazónica, pues la utilización de algodón en los tejidos o la presencia de plumas de aves tropicales en los abanicos hallados en los ajuares, no dejan lugar a dudas de la existencia de fluidas rutas comerciales desde la propia selva, al otro lado de los Andes, únicas zonas de las que podrían proceder esas materias.
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Turbante como muchos de los hallados en el interior de los fardos: cosidos con una técnica especial, también estaban bordados con increíbles dibujos y representaciones geométricas de vivos colores. Muchos de ellos imitaban serpientes de doble cabeza .
Pues eso, que para no alargarme más sólo digo ya que hay que verla, que recomiendo esta exposición a quien tenga un poco de curiosidad y le gusten estas cosas parte arqueológicas, parte antropológicas, es interesantísima y, en mi opinión, merece mucho la pena, de verdad, a mí al menos me gustó (y es gratis, que en estos tiempos es un plus, ¿no?).
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¿Eso que llevas no es un manto Paracas, verdad?